Otras formas de gritar
gatito no sabe qué está diciendo
Al otro lado de este mar de espantos y nerviosismos está ¿La decepción, la realización? La vida, probablemente. Pero yo solo la veo pasar, lejos de mí, a pesar de mí. Aun así, sin molestarme en interrumpirla. ¿Cómo podría? Yo solo sé hacer esto, exactamente esto: nada. Nada que sea legible, nada que merezca ser nombrado. Nada significativo a los ojos del mundo, que son mis propios ojos, que observan cómo nadie los mira de vuelta. No hay nada que mirar: yo no he movido ni un dedo, no he inclinado el cuerpo hacia ningún lado del deseo. La vida me atraviesa con una ligereza insultante, tan suave que apenas deja rastro. Su paso solo se delata en el cuerpo: en la forma en que mis cabellos crecen, caen, se retuercen ante la gravedad y buscan cubrirme entero —los ojos, la barbilla, los hombros— Y yo no los dejo. Para sostener esta forma mínima de permanencia. Mantenerme firme en la inmovilidad, en el sosiego; En una quietud tan profunda que huye de la alteridad, de la adaptación, de cualquier exigencia de cambio. Este cuerpo, esta carne, estos átomos que me componen están cansados ya de adaptarse, de cambiar, de responder. Han acabado en mí, ustedes. Han erradicado cualquier vestigio de impulso-de-vida. Ahora solo se puede observar: inalterado, pero reflexivo. ¿Para qué sirve reflexionar si es el final del pensamiento? Ya nadie hace nada! - 13/02/2026